El clamor del Río
Por: Equipo Psicosocial
Fundación Círculo de Estudios Culturales y Políticos
Antes de desembocar en el rio Atrato, el río buey recorre kilómetros de interminables selvas silenciosas y profundas, con orillas apenas pobladas por concejos comunitarios afrodescendientes y resguardos indígenas, asentados en estos territorios, unos desde épocas ancestrales y otros de manera más reciente por la llegada numerosos grupos de personas en búsqueda de libertad, comunidades liberadas o simplemente deseos de expansión minera, desarrollando dinámicas comunitarias, culturales y económicas ligadas a los ríos.
La región del medio Atrato, partiendo desde las aguas del munguido, el negua, hasta las bocas de bebará, pueblo nuevo, atravesando por tauchigado, san José del buey y bebarama, componen un espejo verde atravesado por hilos de plata entretejidos que parecen navegables a perpetuidad, es también desde hace varios años un escenario de confrontación entre grupos armados, que han transformado todas las dinámicas del territorio, hasta convertirlo en zona de riesgo por la afectación de los Derechos Humanos, especialmente de mujeres y niñas.
Sumada a la posición geoestratégica en términos de movilidad por las redes hídricas fácilmente utilizadas para el repliegue militar y las conexiones fluviales, la intención de ejercer control sobre rentas derivadas de cultivos ilícitos, y de la extracción de minerales como el oro, el platino, la plata y el zinc, facilitó la presencia de grupos armados como las denominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), las denominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia “AGC”, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la presencia esporádica de fuerza pública, generando un ambiente de militarización de las relaciones comunitarias entre los habitantes de estos territorios, sometiéndolos a padecer las más graves y aberrantes practicas de guerra.
Los actores armados, pasaron del control territorial a ejercer mediante el uso de la fuerza, la amenaza y la intimidación, control sobre los cuerpos, buscando destruir la dignidad e integridad de las mujeres, pero también como acto de poder y sometimiento, que les facilitara el control de los territorios.
En esta zona del Chocó, se ejecutaron todo tipo de prácticas de violencia sexual, pero particularmente la violación como estrategia de guerra que buscaba transmitir miedo e incertidumbre, o como muestra de justicia ejemplarizante, fue habitual. Prueba de ello, son las más de cincuenta (50) solicitudes de acreditación que la fundación círculo de Estudios Culturales y Políticos, presentó y previamente documentó, ante la jurisdicción especial para la paz JEP, por violencia basada en género, violencia sexual y violencia reproductiva, ejecutada sobre mujeres que habitaron estos territorios, durante los años 2005 a 2015.
La violencia sexual se ejerció de manera indiscriminada sobre niñas, trabajadoras del campo, trabajadoras de las minas, docentes, amas de casa, quienes refieren ser víctimas de la presencia de diferentes actores armados, invasores de la cotidianidad haciendo presencia en cualquier espacio y momento, imponiendo normas de conducta ciudadana y de paso ejerciendo control sobre el cuerpo de las mujeres.
En estos territorios el nivel de control y militarización de la sociedad alcanzó niveles tan alarmantes, que muchas de las víctimas prefirieron guardar silencio, algunas crecieron aguantando el dolor y la humillación que trajo el abuso, hasta tener capacidad de huir de la zona, otras prefirieron abandonar de inmediato el territorio desplazándose a barrios periféricos de ciudades aledañas.
Los relatos de las víctimas son escabrosos, ningún actor armado ofrecía respeto al cuerpo de las mujeres, cualquier ocasión era aprovechada para accederlas carnalmente, desde jornadas de trabajo, paseos en el rio o una simple visita, se convirtieron para las víctimas en situaciones de riesgo.
Hoy en día, muchas de las víctimas ya fuera del territorio, un poco más tranquilas, con el apoyo de la Fundación Círculo de Estudios, han empezado a contar sus historias. Lo hacen con el fin de buscar justicia, pero también con el propósito de acceder a eventuales garantías de reparación y no repetición, lo cual, solo será posible si se da continuidad y dinamismo a los trámites de la jurisdicción especial para la paz “JEP”, enmarcados en los macrocasos 9 y 11, los cuales representan para las víctimas alternativas reales de justicia material.
El miedo parece ser un tema del pasado, las voces de las víctimas del rio buey claman justicia inmediata, y deberá ser la JEP, la encargada de suministrarla. Sin embargo, existen retos en materia de acceso a la verdad, hasta ahora los reconocimientos sobre asuntos relacionados con violencia sexual, no son del todo alentadores para las víctimas a quienes se deberá garantizar la atención evitando la revictimización y visibilizando el fenómeno.
inicio
fundación
programas
observatorio
transparencia
contactos
biblioteca
donaciones